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El pacto y las bendiciones de la obediencia

Adultos · Lección 6 · 4.º trimestre

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Sobre esta lección

El pacto con Dios exige amor exclusivo, obediencia fiel y separación del mal, que nos llevan a la plena comunión con el Señor.

Texto áureo

“Porque tú eres pueblo santo á Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra.”

Preguntas frecuentes sobre esta lección

1.¿Qué significa que Israel sea el "pueblo escogido"? ¿Dios escogió solo a algunos para salvarlos?

En Deuteronomio 7, Dios escoge a un pueblo, y no una lista de individuos salvos de antemano. La elección fue por amor, no por mérito, "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos:" (Deuteronomio 7:7), y fue para una misión: guardar la revelación de Dios, ser luz a las naciones y preparar el camino del Mesías (Isaías 49:6; Gálatas 3:16). Ser israelita no le garantizaba la salvación a nadie: de la generación que salió de Egipto, Hebreos dice "Y vemos que no pudieron entrar á causa de incredulidad." (Hebreos 3:19), y Pablo recuerda que "No empero que la palabra de Dios haya faltado: porque no todos los que son de Israel son Israelitas;" (Romanos 9:6). En el Nuevo Testamento, el pueblo elegido es el pueblo en Cristo: Dios nos escogió en Él (Efesios 1:4). Quien cree en Cristo y permanece en Él pertenece a ese pueblo. No existe una lista cerrada en la que tu nombre tal vez no esté; existe una invitación a todo aquel que en Él cree (Juan 3:16).

2.¿Dios mandó destruir pueblos enteros? ¿Cómo entender "del todo las destruirás" (Deuteronomio 7:2)?

Es la pregunta más difícil del capítulo, y merece una respuesta honesta. La orden fue un juicio específico, dado a Israel en aquel momento, contra pueblos que Dios soportó por siglos (Génesis 15:16) y que llegaban a quemar a sus propios hijos en el fuego a sus dioses (Deuteronomio 12:31). El motivo era religioso, no racial: "Porque desviará á tu hijo de en pos de mí, y servirán á dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá presto." (Deuteronomio 7:4). La prueba es que la cananea Rahab y la moabita Rut fueron acogidas (Josué 6:25; Rut 1:16), y una ciudad de Israel que se entregara a los ídolos recibiría el mismo juicio (Deuteronomio 13:12-17). Fue una orden única y cerrada, que no vale para ningún pueblo, nación o grupo de hoy. El texto no autoriza violencia, odio, intolerancia ni desprecio hacia quien es de otra religión. La Iglesia lucha con otras armas, "(Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas;)" (2 Corintios 10:4), y nuestra lucha no es contra sangre y carne (Efesios 6:12).

3.Si obedezco a Dios, ¿Él me garantiza salud, hijos y dinero, como en Deuteronomio 7:13-15?

No como fórmula. Las bendiciones de Deuteronomio 7:12-15 eran promesas de pacto hechas a Israel como pueblo, en una tierra y en un momento de la historia. Muestran que el Dios del pacto cuida de la vida entera, familia, trabajo, salud, y que el Dador vale más que los dones. Pero no son un botón de obedecer para recibir. Pablo dejó a Trófimo enfermo en Mileto (2 Timoteo 4:20), Timoteo tenía frecuentes enfermedades (1 Timoteo 5:23), y Elisabet y Zacarías eran ambos justos delante de Dios y esperaron años por un hijo (Lucas 1:6-7). Las Asambleas de Dios creen en la sanidad divina, "Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados." (Santiago 5:15), y creen también que Dios es soberano sobre el resultado. Obedecer no es pagarle a Dios; es responder a quien ya nos rescató.

4.¿La Iglesia tomó el lugar de Israel? ¿Los judíos dejaron de ser el pueblo de Dios?

El Nuevo Testamento aplica a la Iglesia las palabras de Deuteronomio 7, pueblo adquirido, pueblo propio (1 Pedro 2:9; Tito 2:14), pero Pablo le prohíbe a la Iglesia mirar a Israel con desprecio: "No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú á la raíz, sino la raíz á ti." (Romanos 11:18). Él pregunta "Digo pues: ¿Ha desechado Dios á su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín." (Romanos 11:1), y afirma que "Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios." (Romanos 11:29). La salvación, para judíos y gentiles, es la misma, en Cristo: "Porque no hay diferencia de Judío y de Griego: porque el mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan:" (Romanos 10:12). Los gentiles fueron injertados en el olivo, no puestos en su lugar. El antisemitismo no tiene lugar en la fe cristiana.

5.Ser santo y separado del mundo, ¿es cortar la amistad con quien no es creyente?

No. Jesús oró "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal." (Juan 17:15), y fue llamado amigo de publicanos y pecadores (Mateo 11:19) sin contaminarse nunca. En la Biblia, santo es lo que fue separado para Dios, tiene dueño y tiene destino, antes de ser separado de algo. Una cosa es la amistad que te arrastra deliberadamente a lo que sabes que está mal; otra, muy distinta, es el pariente o el compañero de trabajo que no cree y te necesita cerca para ver el Evangelio. Para el matrimonio, la orientación es clara para quien todavía va a casarse (2 Corintios 6:14); para quien ya está casado con alguien que no cree, Pablo manda no dejar al cónyuge que quiere quedarse (1 Corintios 7:12). Separación no es aislamiento, y mucho menos desprecio.

6.Si fui escogido por Dios, ¿puedo perderme?

La Biblia toma en serio las dos cosas: la fidelidad de Dios y la respuesta del hombre. Dios es "Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia á los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones;" (Deuteronomio 7:9). Y Pablo advierte a los creyentes: "Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente en los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en la bondad; pues de otra manera tú también serás cortado." (Romanos 11:22). Hebreos dice lo mismo: "Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza;" (Hebreos 3:14). La advertencia es para quien se ensoberbece y le da la espalda a Dios, no para quien lucha contra su propio pecado con miedo de haber fallado demasiado. Quien se preocupa por no perder a Dios no está entre los que le aborrecen (Deuteronomio 7:10). Permanecer no es mérito: es seguir sosteniendo la mano que nos sostiene.

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4.º trimestre