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Los primeros pasos de Pablo

Lección 3 · 3.º trimestre 2026 · 05/07/2026 · 11 min de lectura

Por Equipe Marcas Editora

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Texto áureo

“Las iglesias entonces tenían paz por toda Judea y Galilea y Samaria, y eran edificadas, andando en el temor del Señor; y con consuelo del Espíritu Santo eran multiplicadas.” (Hechos 9:31, RVR1909) · Leer en la Biblia

Antes de los grandes viajes misioneros, Pablo vivió años casi invisibles: huyó de Damasco en un cesto, pasó un tiempo en Arabia, fue rechazado en Jerusalén y maduró en silencio. Esta lección muestra que Dios prepara al obrero antes de enviarlo, y que el mensaje de Cristo incomoda a quien cierra el corazón al Espíritu.

Imagina que el bravucón más temido de tu escuela —ese que todo el mundo evitaba en el pasillo— desaparece por un tiempo y vuelve diciendo que cambió. Que ahora es de los buenos. ¿Le creerías a la primera? Probablemente no. Desconfiarías, te quedarías vigilando, esperarías para ver. Fue más o menos así como reaccionó la iglesia primitiva cuando Saulo de Tarso, el perseguidor que encarcelaba y mataba cristianos, apareció diciendo que se había encontrado con Jesús y que ahora predicaba el Evangelio.

¿Qué pasó con Pablo justo después de su conversión? La Biblia no lo cuenta todo en detalle, pero lo que cuenta es precioso: hubo huida, hubo rechazo, hubo años casi invisibles y hubo mucha maduración. Antes de que el apóstol escribiera cartas que atravesarían veinte siglos y antes de que sus viajes misioneros sacudieran el Imperio romano, hubo un tiempo de preparación silenciosa. Y es justamente ese "antes de hacerse famoso" lo que esta lección va a estudiar.

La pregunta que nos va a acompañar es sencilla y sirve para ti también: ¿qué hace Dios con una persona después de que se convierte de verdad?

I. La trayectoria inicial de Pablo

Justo después de ser bautizado, Pablo no se quedó callado. Empezó a frecuentar las sinagogas de Damasco anunciando algo que nadie esperaba oír de aquella boca: que Jesús es el Hijo de Dios (Hechos 9:20-22). Imagina el impacto. El hombre que había ido a Damasco justamente para cazar cristianos ahora predicaba a favor de ellos. A muchos judíos no les gustó nada eso y empezaron a planear su muerte.

Fue ahí cuando ocurrió una de las escenas más curiosas de la vida del apóstol: los hermanos lo metieron dentro de una canasta y lo bajaron por una abertura en la muralla de la ciudad, para que escapara de los que vigilaban las puertas (Hechos 9:25; 2 Corintios 11:32, 33). El gran apóstol Pablo comenzó su trayectoria huyendo colgado en una canasta. No tuvo entrada triunfal, tuvo una huida a escondidas.

🏛 Curiosidad. Damasco es una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo y, en el tiempo de Pablo, estaba rodeada por una muralla con casas construidas sobre ella —algunas con ventanas que daban hacia afuera—. Fue por una de esas aberturas por donde los discípulos bajaron a Pablo en la canasta. En 2 Corintios 11:32, 33, Pablo se asegura de recordar ese episodio: para él, aquella huida humillante no era ninguna vergüenza, sino la prueba de que Dios lo guardó desde el primer día.

Juntando la información de Hechos con la Carta a los Gálatas, descubrimos que la historia es más larga de lo que parece. Pablo pasó un tiempo en Arabia y después volvió a Damasco, en un período que los estudiosos suelen llamar "años ocultos" o "años silenciosos" (Gálatas 1:15-18). ¿Qué hizo en ese tiempo? La Biblia no lo dice. Los investigadores sugieren algunas posibilidades: puede haber aprendido el oficio de hacer tiendas, puede haber empezado a predicar entre los gentiles, o puede haberse sumergido en el estudio de las Escrituras, entendiendo cómo todas las profecías sobre el Mesías se cumplieron en Jesús.

Después de eso, Pablo subió a Jerusalén y tuvo un contacto rápido con los líderes de la iglesia —habló con Pedro y Jacobo (Gálatas 1:18, 19)—. Pero ¿recuerdas al bravucón que nadie creía que había cambiado? Fue exactamente lo que pasó: la iglesia de Jerusalén conocía al Saulo perseguidor y desconfió. Quien rompió el hielo fue Bernabé, presentando a los apóstoles al Pablo transformado por Cristo. Aun así, la predicación valiente del apóstol despertó de nuevo la oposición, y los hermanos tuvieron que ayudarlo a escapar hacia Cesarea (Hechos 9:30).

Tiempo después, cuando la iglesia de Antioquía de Siria creció y necesitó liderazgo, fue Bernabé una vez más quien buscó a Pablo, ahora en Tarso, para que trabajaran juntos (Hechos 11:25, 26). Antioquía era una ciudad romana grande y concurrida, llena de seguidores de Jesús. Y fue allí donde nació una palabra nueva: por primera vez se llamó cristianos a los discípulos (Hechos 11:26).

II. La maduración espiritual de Pablo

Aquí vale la pena detenerse y pensar: ¿por qué tantos años "silenciosos"? Si Pablo ya se había encontrado con Jesús y ya sabía predicar, ¿por qué Dios no lo lanzó inmediatamente a las grandes misiones? La respuesta tiene que ver con una verdad que el mundo hoy detesta oír: crecer lleva tiempo.

Por un lado, Pablo había pasado por una transformación enorme. Él era literalmente una persona nueva, porque "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." (2 Corintios 5:17). Tiene sentido, entonces, que haya usado ese tiempo para reconstruir su propia vida: encontrar un nuevo rumbo, cuidar las emociones, moldear el carácter conforme a las enseñanzas de Jesús. Nadie se vuelve un cristiano maduro de la noche a la mañana —ni siquiera Pablo—.

Por otro lado, cuando Bernabé finalmente lo llamó a Antioquía, Pablo estaba listo para ir y para liderar. Eso es señal de que aquellos años no fueron desperdiciados. Fueron años de estudio de las Escrituras, de oración, de ayuno, de preparación. El Espíritu Santo estuvo con él todo el tiempo, guiando cada paso incluso cuando nadie estaba mirando. Cuando llegó la hora indicada, el obrero ya había madurado.

❤ Para tu vida. Tienes prisa por crecer, y eso es bueno, pero Dios cuida el tiempo. Tal vez estés en una etapa en la que parece que "no pasa nada": estudiando, esperando, sirviendo en cosas pequeñas, sin ningún reflector. No desprecies ese tiempo. Pablo pasó años así, y fueron esos años escondidos los que construyeron al apóstol que el mundo vería después. Lo que Dios está formando en ti ahora, en el silencio, es la base de lo que Él va a hacer a través de ti mañana.

Fíjate también en el celo de Pablo. Era intenso, apasionado, valiente —y eso es hermoso en un recién convertido—. Pero la lección de la revista hace una observación sabia: el celo en exceso no sustituye a la sabiduría, y la pasión de quien acaba de convertirse no es lo mismo que la paciencia de un cristiano maduro. Pablo tenía fuego; con el tiempo, aprendió a dirigir ese fuego con amor. Por eso la propia iglesia de aquella región, según el Texto Áureo, caminaba en el temor del Señor y crecía en número fortalecida por el consuelo del Espíritu Santo (Hechos 9:31). Donde hay madurez y temor de Dios, hay paz y crecimiento.

🕊 Nuestra lectura. Nota quién es el protagonista invisible de toda esta historia: el Espíritu Santo. Fue Él quien guio a Pablo en los años ocultos, fue Él quien dio autoridad a la predicación (Hechos 9:22) y es Él quien, según el Texto Áureo, consuela y multiplica a la iglesia. Nosotros, los pentecostales, creemos que el mismo Espíritu que capacitó a Pablo sigue activo hoy, bautizando, consolando y repartiendo dones. Madurar en la fe no es quedarse más "por cuenta propia", es depender cada vez más de la dirección del Espíritu, exactamente como hizo Pablo.

III. El mensaje que incomoda

Aquí viene una parte que los adolescentes necesitan entender bien, porque les va a pasar a ellos. Todo aquel entusiasmo que Pablo antes usaba para cazar cristianos ahora lo usaba para predicar a Jesús. Y, aun así, mucha gente siguió rechazando el mensaje. ¿Por qué?

El pueblo de Israel esperaba al Mesías: los profetas lo habían anunciado, y las promesas estaban escritas en las Escrituras. Durante su vida en la Tierra, Jesús declaró que Él era el cumplimiento de esas profecías (Mateo 5:17) y demostró ser el Hijo de Dios (Mateo 16:16, 17). Después de morir y resucitar, no debería quedar duda. Y, sin embargo, muchos judíos no aceptaron que Jesús fuera Dios y llegaron a negar la resurrección. Peor aún: acusaban de blasfemia —que es una palabra ofensiva o insulto contra Dios— a quien predicaba ese mensaje.

El detalle importante es este: el problema no era falta de pruebas. Pablo ponía las profecías del Antiguo Testamento lado a lado con el cumplimiento en Jesús y demostraba que Él era el Cristo (Hechos 9:22). Los opositores no lograban refutar los argumentos. Lo que les faltaba era un corazón abierto para que el Espíritu Santo les mostrara la verdad.

🏛 Curiosidad. Antes de convertirse, Saulo era un rabino respetado, formado bajo la instrucción de Gamaliel, uno de los maestros más famosos de Jerusalén (Hechos 22:3). Cuando un rabino predicaba en una sinagoga, se esperaba que explicara la Ley de Moisés. Así que imagina el impacto: un rabino de peso entra en la sinagoga y, en vez de defender las interpretaciones tradicionales, prueba por las propias Escrituras que Jesús es el Mesías. Era esa autoridad la que dejaba a los opositores sin respuesta —y furiosos—.

¿Y qué tiene que ver eso contigo? Todo. Cuando le cuentas a un compañero lo que Jesús hizo en tu vida, es muy posible que enfrentes burlas, desprecio o ese silencio incómodo. No te asustes con eso y no te desanimes. Nuestro deber es hablar de Jesús; convencer el corazón de las personas es obra del Espíritu Santo (Juan 16:7, 8). Tú plantas la semilla con fidelidad y amor; Dios se encarga del resto.

Cristo en la lección

Es fácil leer esta lección como la biografía de un héroe: "el increíble Pablo, que huyó en una canasta, maduró en el desierto y enfrentó toda oposición". Pero el centro no es Pablo. El centro es Jesús, y Pablo es solo un ejemplo de lo que Cristo hace con una vida.

Piénsalo bien: lo que transformó al perseguidor en predicador no fue fuerza de voluntad ni terapia ni un libro de autoayuda. Fue un encuentro personal con el Cristo vivo y resucitado en el camino a Damasco. Fue Jesús quien lo derribó, quien lo llamó por su nombre, quien lo levantó como una nueva criatura. Toda la maduración que estudiamos aquí es fruto de aquel encuentro. Quien está en Cristo es una nueva creación (2 Corintios 5:17) —y lo "nuevo" empieza en Cristo, no en nosotros—.

Y hay más. El mensaje que Pablo predicaba, y por el cual sufrió, es el mismo que nos salva a ti y a mí: Jesús es el Mesías prometido, murió por nuestros pecados y resucitó. Pablo no inventó una religión nueva; él señaló al Cristo de las Escrituras. Estudiar los primeros pasos de Pablo, en el fondo, es ver de cerca el poder de Jesús para tomar la peor de las historias y transformarla en testimonio.

Aplicación

En tu fe personal. No necesitas tener una conversión tan dramática como la de Pablo para ser transformado por Cristo. Lo que importa es tener un encuentro real con Jesús y sujetarte a Él de verdad. ¿Ya te pasó eso a ti, o todavía vives una fe solo de apariencia, heredada de tus padres? Esta es la pregunta más importante de la lección.

En tu tiempo de espera. Tal vez sueñes con predicar, cantar, liderar o hacer algo grande para Dios, y sientas que "no pasa nada". Recuerda los años ocultos de Pablo. Usa ese tiempo para estudiar la Biblia, orar, servir en las cosas pequeñas y dejar que Dios moldee tu carácter. La preparación escondida hoy es ministerio fructífero mañana.

En tu testimonio. Empieza a hablar de Jesús donde estás: en el grupo de la escuela, en la cancha, en el celular. Vas a encontrar resistencia, como la encontró Pablo. Habla aun así, con respeto y amor, y confía en el Espíritu Santo para tocar los corazones. Tu parte es la fidelidad; la parte de convencer es de Dios.

Oración final

Señor Jesús, gracias porque tú eres capaz de transformar cualquier vida —hasta la del peor perseguidor, hasta la mía—. Así como hiciste con Pablo, haz también conmigo: renueva mi corazón, moldea mi carácter y dame paciencia para madurar en tu tiempo. Enséñame a valorar los días silenciosos, en los que nadie ve, pero en los que tú me estás preparando. Lléname de tu Espíritu Santo para que hable de ti sin miedo, incluso cuando encuentre resistencia. Que mi vida, como la de Pablo, apunte siempre hacia ti, el Mesías que murió y resucitó por mí. En tu nombre, amén.

Soli Deo Gloria — la Escritura gobierna; todo lo demás, de rodillas.

Preguntas frecuentes sobre esta lección

¿Quién presentó a Pablo a los apóstoles en Jerusalén?+

Fue Bernabé. La iglesia de Jerusalén todavía conocía a Saulo como el perseguidor que encarcelaba y mataba a los cristianos, así que desconfiaron cuando apareció diciendo que ahora seguía a Jesús. Bernabé sirvió de puente: presentó al Pablo transformado ante los apóstoles y ayudó a la iglesia a confiar en él (Hechos 9:26, 27). Años después, fue también Bernabé quien buscó a Pablo en Tarso para que trabajaran juntos en Antioquía.

¿Qué fueron los 'años ocultos' o 'años silenciosos' de Pablo?+

Es el período entre la conversión de Pablo y el comienzo de sus grandes viajes misioneros, sobre el cual la Biblia da pocos detalles. Combinando Hechos con Gálatas 1:15-18, sabemos que pasó un tiempo en Arabia y volvió a Damasco. Los estudiosos sugieren que pudo haber estudiado las Escrituras a la luz de Jesús, comenzado a predicar entre los gentiles o aprendido el oficio de hacer tiendas. Fue un tiempo de maduración, no de inactividad.

¿Por qué algunos judíos rechazaron la predicación de Pablo?+

Israel esperaba al Mesías prometido por los profetas, pero muchos no aceptaron que ese Mesías fuera Jesús, un hombre que fue crucificado y resucitó. Rechazar a Jesús como Dios y negar la resurrección los llevaba a llamar blasfemia al mensaje cristiano. El problema no era falta de argumentos —Pablo mostraba las profecías cumplidas—, sino un corazón cerrado a la acción del Espíritu Santo (Juan 16:7, 8).

¿Dónde fueron llamados 'cristianos' por primera vez los seguidores de Jesús?+

En Antioquía de Siria, una gran e importante ciudad romana donde la iglesia crecía rápido y necesitaba líderes. Fue allí adonde Bernabé llevó a Pablo, y los dos pasaron cerca de un año enseñando a aquella comunidad. Fue allí donde a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez (Hechos 11:26).

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