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Trabajando en las misiones

Lección 13 · 3.º trimestre 2026 · 13/09/2026 · 15 min de lectura

Por Equipe Marcas Editora

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Texto áureo

“¿Cómo, pues invocarán á aquel en el cual no han creído? ¿y cómo creerán á aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14, RVR1909) · Leer en la Biblia

La última lección del trimestre cierra todo lo que la clase aprendió sobre la iglesia y muestra para qué existe la iglesia: la misión. El estudio separa dos cosas que casi siempre se confunden — el evangelismo es el acto de anunciar; misiones es la obra entera de la iglesia organizada para llevar y sostener el Evangelio donde aún no ha llegado, lo que incluye ir, enviar, sostener, orar y discipular. A partir de la cadena de Romanos 10:13-15, el alumno descubre que Dios escogió llegar a las personas por medio de gente que va, y que la oferta de salvación es para todo aquel que invoque. También deja claro dónde está el campo de un alumno de 11 o 12 años: la escuela, la calle y la casa por donde ya pasa — nunca con desconocidos, nunca solo y nunca con una cuota de almas.

Piensa en el camino que haces todos los días. De tu casa a la escuela. Del portón de la escuela a tu salón. Del salón al recreo. De la escuela de vuelta a casa.

Ahora cuenta, por encima, con cuántas personas te cruzas en ese trayecto. ¿Diez? ¿Treinta? ¿Cien?

Tú ya pasas, todos los días, por un campo misionero — y probablemente nunca te diste cuenta.

Esta es la última lección del trimestre. Durante trece semanas estudiamos la iglesia: qué es, quiénes son los pastores, qué hacen los presbíteros, los diáconos y los obreros, cuáles son los dones, cómo funciona el cuerpo unido. Y queda una pregunta honesta en el aire: ¿y qué?

Y pasa que nada de eso existe por curiosidad. La iglesia no se organiza para verse bonita por dentro. Se organiza porque tiene una misión — y hoy vamos a hablar de ella.

I — Misiones no es lo mismo que evangelismo

El domingo pasado el tema fue evangelismo. Hoy es misiones. Parece la misma clase con otro nombre. No lo es.

El evangelismo es el acto de anunciar el mensaje de salvación. Se lo cuentas a alguien, allí, en el momento. Es puntual, es directo, y cualquier cristiano lo hace.

Misiones es más grande. Es la obra entera de la iglesia organizada para llevar y sostener el Evangelio donde aún no ha llegado. Fíjate en cuántas piezas tiene esto:

  • alguien va — sale de donde estaba y se instala en otro lugar;
  • alguien envía — la iglesia decide mandar, y asume;
  • alguien sostiene — la base funciona, el misionero come, el trabajo continúa;
  • alguien ora — todos los días, por nombre;
  • y los que creen son discipulados, no abandonados a mitad del camino.

El evangelismo cabe dentro de las misiones. Misiones es el paraguas.

Y existen dos tipos, dos direcciones diferentes:

La misión local es cerca. Es tu calle, tu barrio, tu ciudad. Es la acción evangelística de tu iglesia en la plaza, en la feria, en la avenida. Es el vecino que tu familia conoce.

La misión transcultural es atravesar. Es salir de tu cultura y entrar en otra — otro país, otro estado, otro pueblo, otra lengua, otra manera de vivir. El misionero transcultural necesita aprender a hablar de una manera que aquella gente entienda, y eso lleva tiempo.

Las dos son misiones. Ninguna de las dos es la versión de segunda categoría de la otra.

II — La orden es orden, y no depende de un solo versículo

Antes de subir al cielo, Jesús dejó la misma instrucción registrada en cuatro lugares diferentes. No es un recado suelto; es el cierre del Evangelio.

"Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén." (Mateo 28:19-20)

"Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura." (Marcos 16:15)

"Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz á vosotros; como me envió el Padre, así también yo os envío." (Juan 20:21)

Y en Hechos 1:8 Él promete el poder del Espíritu Santo y dice que ellos serían testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. Lucas 24:46-48 repite lo mismo con otras palabras.

Cuatro registros. Una sola orden.

Fíjate en lo que no está escrito en ninguno de ellos. No está escrito "vayan si se puede". No está escrito "vayan si les parece genial". No está escrito "vayan si tienen vocación para eso". Jesús no hizo una invitación para voluntarios animados — Él dio una orden a la iglesia entera.

αβ En el original — griego. En Mateo 28:19, la palabra traducida por "id" es un participio, y muchos entienden que su fuerza es "yendo", "mientras ustedes van". Eso no afloja la orden — sigue siendo orden. Cambia la dirección: el "id" no empieza cuando compras un pasaje; empieza en el camino que ya haces. Y fíjate en otra palabra: en Romanos 10:15, "enviados" viene del verbo griego apostéllo, el mismo de donde sale apóstol — que quiere decir, simplemente, enviado. Nuestra palabra "misión" vino del latín mittere, que también quiere decir enviar. Apóstol y misionero son la misma idea en dos idiomas: gente enviada.

III — La cadena de Romanos 10

Ahora viene el corazón de la lección, y es un razonamiento que Pablo arma de atrás hacia adelante. Lee despacio.

"Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." (Romanos 10:13)

"¿Cómo, pues invocarán á aquel en el cual no han creído? ¿y cómo creerán á aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian el evangelio de los bienes!" (Romanos 10:14-15)

Ponlo en el orden en que la cosa sucede de verdad:

ENVIAR → PREDICAR → OÍR → CREER → INVOCAR → SER SALVO

Es una cadena. Y una cadena tiene una característica incómoda: vale lo que vale el eslabón más débil. Quita cualquiera y el último no sucede.

Fíjate en lo que Pablo está diciendo. Dios es todopoderoso y podía haber escogido cualquier método — podía escribir en el cielo, podía mandar un ángel, podía hablar directo al oído de cada persona. Él escogió llegar por medio de gente que va. Es por eso que misiones no es un departamento opcional de la iglesia. Es el modo en que Dios decidió alcanzar al mundo.

Y presta atención a dos palabritas del versículo 13: todo aquel. No es "algunos". No es "los escogidos de antemano, y solo ellos". La oferta es de verdad y es para cualquiera que invoque — Pablo acababa de decir que no hay diferencia entre judío y griego (Romanos 10:12).

Pero que la oferta sea para todos no significa que todos digan que sí. Tres versículos después Pablo escribe que no todos obedecieron al evangelio (Romanos 10:16). Se puede oír y rechazar. Se puede recibir la gracia y darle la espalda. Si no se pudiera, esa frase no tendría sentido.

Junta las dos cosas y tienes la lección entera: Dios ofrece la salvación a todo aquel que invoque, y escogió hacer llegar esa oferta por la boca de gente común. Alguien necesita ir. Si nadie va, alguien se queda sin oír.

Por eso el versículo 15 termina hablando de pies. No de voz bonita, no de diploma, no de talento: pies. La parte del cuerpo que anda. Isaías había dicho lo mismo siglos antes: "¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salud, del que dice á Sión: Tu Dios reina!" (Isaías 52:7)

IV — Rodillas, manos y pies

Hay una frase antigua que resume cómo funciona la obra misionera en la práctica: las misiones se hacen con las rodillas de los que oran, con las manos de los que ofrendan y con los pies de los que van.

Tres pilares. Ninguno de ellos es adorno.

El ir. Es salir de donde estás para anunciar en otro lugar. Puede ser al otro lado del mundo y puede ser a tres cuadras de tu casa, en la acción evangelística de tu iglesia. A tu edad, tu "ir" sucede junto con tu iglesia y con tus padres — y eso es ir de verdad, no es ir a medias.

El ofrendar. Es el dinero que sostiene a quien fue. El misionero come, paga alquiler, necesita material, necesita volver a casa a veces. Alguien paga esa cuenta, y quien paga está tan dentro de la obra como quien viaja. Pero escucha bien: esto no es una exigencia sobre ti. Un alumno no tiene ingresos, y la Biblia nunca midió a nadie por el tamaño de lo que dio. Si un día puedes, excelente. Si no puedes, no estás afuera.

El orar. Este es el pilar que está enteramente a tu alcance, hoy, sin depender de nada más. Y no es el premio de consolación para quien no puede hacer el resto — mira lo que dijo Jesús en el momento en que apartó a setenta discípulos y los mandó delante de Él: "Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies." (Lucas 10:2)

Lee de nuevo. La cosecha es grande, faltan trabajadores, y la primera orden de Jesús ante eso es oren. Quien ora por las misiones le está pidiendo a Dios exactamente aquello que Él mandó pedir.

Y existe una cuarta manera, que no aparece en ninguna lista, pero predica todo el tiempo: tu testimonio. La manera en que tratas al compañero en la escuela. Las palabras que usas cuando te irritas. Lo que haces cuando el maestro sale del salón. Si entras o no en la burla contra el que está solo. Todo eso habla antes de que abras la boca — y puede ser la única página de la Biblia que alguien cerca de ti vaya a leer.

🏛 Curiosidad — el mapa que la iglesia aprendió a mirar. Hay una franja del mapamundi entre las latitudes 10 y 40 al norte del ecuador, que abarca el norte de África, el Medio Oriente y buena parte de Asia. Es la región donde vive la mayor parte de las personas que aún no han tenido acceso al Evangelio, y en varios de esos países ser cristiano cuesta caro — perder la familia, el empleo, la libertad. Los misioneros muchas veces no logran entrar. Y aquí está la parte que llena el pecho: incluso donde nadie logra entrar, Dios llega. Hay muchos relatos de personas de esas regiones que conocieron a Jesús sin ningún misionero cerca y buscaron una Biblia por cuenta propia. El Evangelio no depende de visa de entrada.

V — Tu edad no es el problema

La revista trae una lista que vale la pena guardar. Daniel y sus amigos hablaron de Dios en Babilonia siendo muy jóvenes. José mantuvo el testimonio en Egipto lejos de casa. Samuel fue llamado siendo aún niño, sirviendo en el templo. Jeremías intentó escapar diciéndole a Dios que era solo un niño — y Dios no aceptó la excusa. Josías asumió el trono a los ocho años e hizo volver a la nación entera hacia el Señor. Y Jesús, a los doce, estaba en el templo entre los doctores, oyendo y preguntando (Lucas 2:46-47).

Ninguno de ellos esperó a cumplir edad.

Eso no quiere decir que tengas que hacer algo grande ahora. Quiere decir que "soy demasiado joven" no es argumento — y que Dios suele empezar con quien está disponible, no con quien está listo.

Fue exactamente eso lo que pasó con Isaías. Dios preguntó a quién enviaría y quién iría por ellos. Y la respuesta de él fue corta: heme aquí, envíame a mí (Isaías 6:8).

Fíjate en que Isaías no respondió adónde. Respondió aquí estoy. La dirección le corresponde a Dios.

VI — Dónde queda tu campo (y adónde no vas)

Las misiones, en boca de un preadolescente, pueden volverse una idea peligrosa si nadie pone las reglas sobre la mesa. Entonces vamos a ponerlas.

Tu campo es donde ya estás. Los compañeros de tu salón. Los vecinos que tu familia conoce. Los primos. Tus hermanos. Las personas del edificio, de la calle, del equipo. Es allí donde tu palabra pesa más, porque esas personas ven tu vida de cerca y saben si lo que dices es verdad.

Y existen cosas que no son tu función — ni ahora, ni con la mejor de las intenciones:

  • No sales solo. Nada de abordar desconocidos en la calle, nada de tocar timbres, nada de entrar en la casa de nadie, nada de salir sin un adulto responsable. Cuando la iglesia salga a la calle, tú vas junto con ellos, con el conocimiento de tus padres.
  • No vas a ningún lugar con quien no conoces, aunque la persona hable de Dios. Si alguien te llama a un lugar a solas, te pide tu contacto o te pide guardar un secreto, no vas, no lo das y no lo guardas: cuéntalo el mismo día a tu papá, a tu mamá, a tu maestro o a un líder de la iglesia. Tú avisas; el adulto resuelve.
  • No maltratas a nadie. Hablar de Jesús no es humillar a quien es de otra religión, no es burlarse de quien no cree, no es poner apodos y no es cortar relación con un pariente. El compañero ateo sigue siendo amigo. El de otra fe sigue siendo tratado con respeto. Quien convence es el Espíritu Santo; la grosería solo cierra puertas.
  • No tienes cuota. Nadie aquí te va a preguntar cuántas personas convertiste. Eso no existe en la Biblia y no va a existir en esta clase. Las misiones no tienen marcador.

❤ Para tu vida. Tal vez estés pensando: "me trabo, no sé hablar, me muero de vergüenza". Guarda esto: el Espíritu Santo no busca gente lista, busca gente disponible. Jesús mandó a los discípulos a esperar ser investidos de poder antes de salir a predicar — el valor no nació en ellos, vino de Dios. Pídelo. Y empieza en pequeño: un nombre, una frase verdadera, una oración por día.

Cristo en la lección

Toda esta lección puede volverse una carga si se detiene en "tienes una obligación". Entonces retrocede un paso y mira a quien empezó la historia.

El primer enviado fue Jesús. "Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz á vosotros; como me envió el Padre, así también yo os envío." (Juan 20:21) Antes de que existiera cualquier misionero, existió Él — enviado por el Padre, saliendo de la gloria, entrando en una cultura que no era la suya, en un cuerpo humano, en una ciudad pequeña, en una familia pobre (Filipenses 2:6-8). El mayor viaje transcultural de la historia no fue de Brasil a Asia. Fue del cielo a la tierra.

Y Él no vino solo a hablar. Vino a morir. La buena noticia que anunciamos solo es noticia porque la cuenta fue pagada: Cristo murió en nuestro lugar y resucitó, y es por eso que existe algo para invocar cuando Romanos 10:13 dice que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.

Fíjate también en cómo hizo misiones mientras estuvo aquí: recorrió ciudades y aldeas anunciando el Reino, entrenó a doce hombres en el día a día, mandó a setenta delante de Él, y dejó la obra en manos de gente común — pescadores, un cobrador de impuestos, un hombre que lo había negado. Si Él confió la misión a ese equipo, tu timidez no es un obstáculo tan grande.

Y no olvides la última frase de la orden: que Él está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). Él no mandó a nadie solo. Nunca lo hizo.

Por eso las misiones no son una exigencia sobre ti. Son desborde. Es gente que fue alcanzada por gracia y ya no puede quedarse callada.

Y aquí va la invitación más importante de esta clase: tú no le presentas a Jesús a alguien si tú mismo no lo conoces. Si aún no le entregaste tu vida a Él, empieza por ahí, hoy. El resto viene después.

Aplicación práctica

En la oración. Escoge un nombre — un misionero que tu iglesia sostiene o un país donde los cristianos son perseguidos — y ora por ese nombre todos los días de esta semana. Una frase basta.

En la escuela. Trata bien a quien nadie trata bien. El compañero nuevo, el que se queda solo en el recreo, aquel de quien los otros se burlan. Eso predica antes de cualquier palabra tuya.

En tu iglesia. Pregúntale a los líderes a quién sostiene tu iglesia en el campo misionero y dónde está esa persona. Después busca ese lugar en un mapa. Quien ora sabiendo el nombre y la dirección ora diferente.

En tu casa. Cuenta en casa lo que aprendiste hoy, con tus palabras. Las misiones también son tema de conversación en la cena.

Con seguridad. Nada solo, nada con desconocidos, nada lejos de la vista de los adultos. Tu campo son las personas que ya te conocen.

Oración final

Señor Jesús, gracias porque tú fuiste el primer enviado: saliste de tu gloria, viniste hasta donde yo estaba y pagaste lo que yo no tenía cómo pagar. Gracias porque alguien, un día, tuvo los pies de los que habla tu Palabra y vino a contarme. Perdona las veces en que miré a las personas de mi camino todos los días y no vi a nadie. Enséñame a orar por quien está lejos, a respetar a quien aún no cree y a vivir de una manera que no avergüence tu nombre en la escuela. Yo no tengo valor por mí mismo, y tú nunca me pediste que lo tuviera: lléname de tu Espíritu Santo y pon en mí la osadía que aún me falta. Levanta obreros para tu mies, guarda a los que están en lugares peligrosos por amor a ti, y si un día tú quieres enviarme, que yo sepa responder como Isaías: heme aquí, envíame a mí. En el nombre de Jesús, amén.

Soli Deo Gloria — la Escritura gobierna; todo lo demás, de rodillas.

Preguntas frecuentes sobre esta lección

¿Misiones es lo mismo que evangelismo?+

No, y esa es la diferencia entre esta lección y la anterior. El evangelismo es el acto de anunciar el mensaje de salvación — se lo cuentas a alguien, allí, en el momento. Misiones es la obra entera de la iglesia organizada para llevar y sostener el Evangelio donde aún no ha llegado: alguien va, alguien envía, alguien sostiene, alguien ora, y los que creyeron son discipulados y cuidados. El evangelismo cabe dentro de misiones; misiones es mayor. Por eso Pablo no se detuvo en preguntar cómo oirán sin haber quien predique — continuó preguntando cómo predicarán si no son enviados (Romanos 10:14, 15). Predicar es un eslabón. Enviar es otro.

¿Necesito convertirme en misionero e ir a otro país? Si no voy, ¿estoy desobedeciendo?+

No. La orden de Jesús es para toda la iglesia, pero Él no le da la misma función a todo el mundo. Romanos 10:15 muestra dos papeles nombrados en el mismo versículo: existe quien predica y existe quien envía — y sin el segundo, el primero no se mueve de su lugar. Hay quien va, hay quien sostiene, hay quien ora. Los tres están dentro de la obra. A tu edad, tu parte no es comprar un pasaje: es orar por nombre, es aprender, es anunciar a Jesús donde ya vives, y es decirle a Dios, como Isaías, que aquí estás dispuesto para que te envíe (Isaías 6:8) — el adónde depende de Él, y en su tiempo.

No tengo dinero para ofrendar para misiones. ¿Entonces estoy fuera?+

De ninguna manera, y nadie aquí te va a exigir eso. La ofrenda es asunto de quien tiene ingresos, no del alumno — y la Biblia nunca midió a nadie por el tamaño de lo que dio. Fíjate en lo que Jesús mandó hacer cuando vio que la cosecha era grande y los trabajadores eran pocos: Él no mandó recaudar dinero, mandó orar — pedirle al Señor de la cosecha que envíe obreros a su mies (Lucas 10:2). Orar por un misionero por su nombre, todos los días, es verdadero trabajo misionero. Y es la parte que está enteramente a tu alcance.

Mi Biblia tiene una nota que dice que Marcos 16:9-20 no aparece en los manuscritos más antiguos. ¿Esa parte es de la Biblia?+

Buena pregunta, y tiene respuesta. Existe una discusión antigua entre los manuscritos: dos manuscritos muy antiguos no traen esos versículos, pero la gran mayoría de los manuscritos sí los trae, y escritores cristianos del siglo II — como Ireneo, alrededor del año 180 — ya citaban ese pasaje. Nuestra Biblia lo trae como Escritura. Y hay otra cosa que resuelve la cuestión de una vez: la orden de ir no depende solo de Marcos. Está en Mateo 28:19, 20, en Lucas 24:46-48, en Juan 20:21 y en Hechos 1:8. Aunque alguien discuta Marcos, la orden sigue en pie en otros cuatro lugares.

Marcos 16:18 habla de tomar serpientes y beber veneno. ¿Eso es para que nosotros lo hagamos?+

No, y eso tiene que quedar muy claro. Ese versículo describe la protección de Dios en una situación de peligro que la persona no eligió — fue lo que pasó con Pablo, cuando una víbora se le prendió en la mano mientras juntaba leña después de un naufragio (Hechos 28:3-6). El texto no autoriza a nadie a tomar serpientes, manipular veneno o ponerse en riesgo a propósito para probar su fe. Hacer eso es tentar a Dios, y Jesús mismo le respondió al diablo citando la Escritura, diciendo que no se debe tentar al Señor nuestro Dios (Mateo 4:7). Quien cree en Dios no pone a prueba a Dios.

¿Puedo abordar a gente que no conozco en la calle para hablar de Jesús?+

No. A tu edad, misiones nunca es solo y nunca es con desconocidos: nada de abordar a personas en la calle, nada de entrar en la casa de alguien, nada de salir sin un adulto responsable. Eso no disminuye tu parte — tu campo está donde ya estás, entre personas que ya te conocen: la escuela, tu calle, tu casa, tu iglesia. Cuando tu iglesia salga a evangelizar, tú vas con ellos, con el conocimiento de tus padres y con el liderazgo cerca. Y si alguien te llama a un lugar a solas, te pide tu contacto o te pide guardar un secreto, no vas, no lo das y no lo guardas: lo cuentas ese mismo día. Tú avisas; el adulto resuelve.

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